LA HOSPITALIDAD

Escribe MARGARITA LABARCA GODDARD

La hospitalidad es la mano tendida, el pan compartido, la puerta que se abre cuando buscas refugio.  

Entre los pueblos más hospitalarios en la antigüedad y también de la  actualidad, se encuentran los árabes y los pueblos nómades del desierto. Porque la hospitalidad en el desierto es una obligación de vida. El que se pierde en un desierto morirá si no es rescatado por los lugareños. Y desde luego, el peregrino debe aceptar todo lo que le ofrecen, aunque no le guste.  

En la hospitalidad también está implícita la raza. En Chile hay racismo, aunque todos somos mestizos.  

Que no existen las razas puras ya no es sólo un asunto teórico, pues se ha comprobado por los exámenes de ADN que ahora cualquiera se  puede hacer, que nuestra sangre trae di’un cuantuhay. Tengo una amiga que es una rubia absoluta, despampanante, que se hizo el examen y le salieron ancestros negros, indios, chinos, en fin, de todas las razas imaginables. Vaya a saber con quiénes se mezclaron nuestros ancestros de varias generaciones para atrás. Y los mapuche tampoco se pueden hacer los puros, les pasaría lo mismo si se hicieran esa prueba: todos son mestizos. 

Y eso es bueno, porque la endogamia es muy peligrosa y negativa, ya que pueden salir los hijos con taras. García Márquez dice en Cien Años de Soledad, que nacen los hijos con cola de chancho. 

Casarse con parientes nunca ha dado buen resultado. Vean la situación de las casas reinantes de Europa, que sólo se unían entre ellos y fueron degenerando. Ahora han abandonado esa mala costumbre, prefieren casarse con una actriz bonita que con una prima fea. 

En fin, que la endogamia es inconveniente tanto en la ciencia como en la literatura. 

En Chile la gente más pobre es la más hospitalaria. El que no tiene casi nada que dar, está dispuesto a compartirlo todo. Esta es una norma de sobrevivencia: el repartir lo poco que se tiene, ayuda a vivir en comunidad. La pobreza trae consigo la fraternidad, porque se organiza la vida en común, en forma colectiva, de modo que así se sobrevive mejor. Y no sólo se comparten los bienes materiales. El que sabe algo lo enseña y cambia sus conocimientos por otros conocimientos o por productos de consumo.  

El pueblo chileno demostró su gran hospitalidad en el pasado, cuando acogió con alegría a los españoles republicanos, a los argentinos que huían de la dictadura, a los judíos que escapaban del nazismo, y a tantos y tantos exiliados que llegaron a nuestro país y lo enriquecieron. 

En tiempos de la dictadura hubo experiencias muy dispares ¿Quién no las tuvo? Quizás un hermano o un amigo te cerró la puerta, pero un desconocido te recibió en su casa y te protegió a pesar del peligro que corría. A mí me pasó, un casi desconocido que no era más que un cliente  de nuestra oficina de abogados, me alojó con mis niños,  me auxilió cuando se me perdieron momentáneamente mis hijos, finalmente nos llevó a una embajada. Nunca pude darle las gracias adecuadamente, ya murió, pero se llamaba Eduardo W, un hombre solidario y admirable que nos salvó la vida. 

Los que tuvimos que salir de Chile exiliados, fuimos recibidos en todas partes con los brazos abiertos. Porque en todos nosotros veían aun poco a Salvador Allende y eso los llenaba de emoción.  

Por ejemplo en Cuba, la hospitalidad se manifestó en toda su grandeza. No tenían casi nada,  pero lo poquito que tenían nos lo dieron con mucha alegría, porque la auténtica hospitalidad es así, gozosa. 

Ahora el rechazo a esos “extraños extranjeros”, como dice Jacques  Prévert, se ha ido acentuando en muchos países a causa de las migraciones. Se ha impuesto el egoísmo, el amor al dinero y ha disminuido la solidaridad. Porque esos “otros” que llegan son muchos, y alguna gente piensa que le van a arrebatar su trabajo, su cultura, sus mujeres quizás. Pero eso no es cierto; por ejemplo en Europa,  los inmigrantes aceptan tareas que los nacionales no quieren: en Francia limpian el piso, barren el Metro, etc. También hay problemas culturales: no termina la polémica sobre si las niñas musulmanas pueden ir al colegio con velo o no.  

Pero en países cuya población está disminuyendo, como Japón, Bulgaria, Italia  y otros, la única manera de salvarse es la inmigración, es darles acogida, hospitalidad definitiva a otros pueblos. Pero preferentemente a los  pueblos que más lo necesitan, por ejemplo los de Africa que están pasando hambre. Y qué bueno, porque el homo sapiens nació en Africa, a imagen y semejanza del dios que lo creó, que  tiene que haber  sido negro.  

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3 thoughts on “LA HOSPITALIDAD

  • 18/04/2022 at 12:15
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    Dos alcances, primero las “razas” no existen en la humanidad sólo somos una raza que nos diferencia de los otros habitantes del planeta. Ponerse al día en cuanto a esto sería correcto. Y, lo segundo es con respecto al “dios negro” … imagino que es una broma. Prueba de lo contrario dios no existe.

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  • 18/04/2022 at 21:18
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    Gracias Margarita, por tu manera sencilla y directa de escribir y enseñarnos la importancia que cobra hoy, el valor de la hospitalidad, como algo tan propio de las gentes más humildes, principalmente cuando en el mundo crecen las migraciones, causadas por la prepotencia y la soberbia de la Clase Dominante en el planeta…
    Más allá de las conceptualizaciones “académicas”, ¡la pucha que somos “racistas” en Chile! Tanto así, que renegamos de nuestra “morenidad”. y si eso, no es ser racista, que venga dios y lo vea…

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  • 21/04/2022 at 12:05
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    Sin duda que es un fenómeno mundial. Y en Chile muy agravado con la mentalidad individualista impuesta por la dictadura y los 30 años de postdictadura en que se desmantelaron las organizaciones sociales intermedias representativas de las clases medias y de los sectores populares. La idea ha sido “rascarse con sus propias uñas”…

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