LA MEMORIA DE LOS VOLANTINES

Por GLORIA CLAVERO ARANDA

Todo sucedía en 1973, en el Fin del Mundo, en una tierra de loca geografía situada en Abia Yala
del Sur, en un país llamado Chile, donde la bonanza de la vida cotidiana, se reflejaba en los
rostros de las niñas y los niños de los sectores populares. Caritas tostadas por el sol brillante de
septiembre, ojitos achinados, llenos de luz primaveral, que miraban emocionados el gran espejo
celeste que iluminaba sus movimientos de criaturas felices, mientras jugaban en los límites del
planeta, echando a volar, con sus manitas inquietas, una cambucha, o un volantín de colores,
buscando el anhelo infantil de alcanzar lo más alto del cielo austral.
En ese pasado imperfecto de nuestra historia, existían los volantines coloridos, hechos de papel
de seda con palillos de caña de coligüe. Surcaban el cielo, elevándose por sobre las cabezas de
las gentes, trinaban, cual pajarillos, cuando el viento chocaba contra sus estructuras de seda y
caña, para deleite de la chiquillada, de las madres y los padres, las abuelas y abuelos, las
muchachas y muchachos, que en ese momento de la vida chilena, perseguían su propia utopía:
conseguir un gran arco iris, formado por esos pintorescos cometas, que alegremente planeaban,
dibujando el firmamento del fin del mundo… Lograr esa meta, representaba el símbolo de una
quimera, la felicidad deseada. Era el tiempo del Pueblo Unido, inmerso en un proceso de paz,
justicia y libertad, que había comenzado en la primavera de 1970…
Era una época plateada de cordillera y de mar, de mujeres luchadoras y de hombres aguerridos,
de gentes trabajadoras llenas de fe en el futuro. Eran obreras y obreros, gentes del campo y del
mar, mineros y barrenderos, artesanas y artesanos, albañiles, zapateros, y de todos los oficios,
intelectuales, artistas, escritores y escritoras, también gentes de la música, todo el mundo
asalariado, no así las dueñas de casa, incansables jornaleras cuidadoras del hogar, que se
afanaban con coraje y valentía, haciendo país con esfuerzos de clase trabajadora no reconocida.
Era un pueblo que participaba colectivamente en la Lucha por conseguir que en nuestra tierra,
predominara la Justicia Social, como una característica fundamental del Bien Común.
Era el tiempo de los volantines de seda. El Pueblo Unido construía Chile, en la ciudad, en los
valles, en el desierto y el mar, en las dunas de Atacama, Pachamama dorada por el sol del Norte
Grande, en los bosques australes, en la Región de los Lagos, en Los Ríos, y en la hermosa
Patagonia que entonces reverdecía inundando de araucarias las tierras de nuestro Sur, cuna de
nuestros ancestros, hábitat natural de nuestros antepasados, Ñuque Mapu de los pueblos
originarios… Hasta que llegó la muerte, vestida de militar, y el terror invadió nuestra
cotidianidad… El 11 de septiembre de 1973 los volantines se fueron cortados, desapareciendo
del cielo austral, llevándose los colores, las sonrisas infantiles y la alegría de las gentes
sencillas… Por eso hoy, esos volantines de antaño, ya no forman un arco iris en el espacio
celeste, pero su memoria sigue viva, y nos recuerda que en cada rincón de nuestro Chile, existió
ese tiempo de sueños, que aún perdura. Los volantines de papel y caña de coligüe nos lo traen
cada vez que rememoramos el cielo lleno de colores, cada vez que nombramos a nuestras
mujeres y hombres, muertos y desaparecidos, gentes asesinadas en la primavera de nuestra
utopía… Esa memoria de cometas de papel de seda, pintando el firmamento de tonalidades
pasteles, esa emoción que llenaba nuestro corazón de risas de niños y de niñas, antes de que se
oscureciera nuestro tiempo de libertad, nos convoca, desde esos días luminosos, hasta los
aciagos provocados por la sinrazón y la fuerza, para que no olvidemos jamás los Crímenes de la
Dictadura, la crueldad de los asesinos que derramaron impunemente la sangre de las hijas y los
hijos de Chile, la sangre que tiñó de rojo los símbolos de nuestro origen libertario, cuando el azul
del cielo se volvió gris, fulminando el arco iris de nuestra ensoñación, enfrentándolo a la
oscuridad, que violentamente, aplastó nuestro deseo de equilibrio justicia y paz…
Sin embargo, la fuerza bruta y la estupidez, no pudieron acabar con nuestros sueños de gentes
del pueblo…El deseo de conseguir un mundo mejor con el esfuerzo de todas y todos, sigue
intacto, nos basta con evocar la memoria jubilosa de los volantines surcando libres como
pájaros, el cielo del fin del mundo… Es el Deseo persiguiendo el Arco Iris tras el horizonte…
La Utopía nunca muere, se renueva y renace, cada vez que las gentes llanas se visten de
colores, y danzan y cantan en las calles del mundo. Hoy, en Chile, “el Pueblo Unido”, por sus
voces, y su creatividad artística, emula a los volantines de papel de seda del 73, proclamando con bombos y platillos, la hora de la Justicia y el Equilibrio.

2 thoughts on “LA MEMORIA DE LOS VOLANTINES

  • 10/09/2021 at 04:37
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    Precioso escrito.
    Es necesario mantener viva la memoria de las luchas y sufrimientos del pueblo chileno.
    Un abrazo grande desde B arcelona

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