COSMOVISIÓN, UNIVERSALIDAD, MADRE TIERRA

Escribe JUAN SIEBOLD CARVALLO

Vivimos en el planeta Tierra; que duda puede caber. Y vivimos junto a otras especies. Pero ese
vivir nuestro en este planeta Tierra, no está determinado por un acto de libre voluntad nuestra
(no es cosa que lo queramos o no), ni de las otras especies, sino que está más bien determinado y
condicionado por lo previamente existente a la habitación nuestra en ese medio,
independientemente de cómo ésta se haya generado.
Lo previamente existente condiciona a todo lo humano y a lo no humano, y pienso que es el
primer reconocimiento basal que todo(a) individuo(a) debe hacer antes de cualquier otra cosa.
Pero, ¿Qué es lo previamente existente a nuestra habitación en el planeta Tierra? De partida el
planeta en sí, el sistema solar en el cual está inserto el planeta, y la infinidad de sistemas estelares
existentes, conocidos y no conocidos, por la humanidad.
De esa realidad cósmica previamente existente a nuestra habitación en el planeta Tierra, se
origina para nosotros(a)s una dependencia cósmica absoluta y de carácter tripartita:
intraplanetaria en el sentido de que dependemos de las condiciones materiales e inmateriales del
planeta Tierra, extraplanetaria en el sentido de que dependemos de la energía que proviene del
Sol, e interplanetaria, en el sentido que dependemos de los movimientos de traslación y de
rotación que tienen los cuerpos celestes en el espacio cósmico. Ellos, además de cumplir sus
funciones intrínsecas, cumplen con ser puntos de referencia entre ellos para su girar, lo que
permite por ejemplo, los movimientos rutinarios de traslación y de rotación que hace la Tierra en
torno al Sol y a su propio eje, los movimientos rutinarios de traslación y de rotación que hace la
Luna en torno a la Tierra y a su propio eje; movimientos sin los cuales, nosotros(a)s lo(a)s
humano(a)s, ni nuestros cohabitantes, no tendríamos puntos de referencia alguno y no podría
existir la vida de la forma que la vivenciamos.
¿Cómo podría orbitar el planeta Tierra en torno al Sol de la forma rutinaria (perfecta) que lo hace,
si éste no estuviera siempre posicionado en el mismo punto cósmico? , ¿Cómo podría orbitar la
Luna en torno al planeta Tierra de la forma rutinaria (perfecta) que lo hace, si ésta no estuviera
siempre posicionada en el mismo punto cósmico? Si no fuese así, no podríamos contabilizar el
tiempo en forma de días de 24 horas, no tendríamos estacionalidades climáticas, y no tendríamos
ritmos, como por ejemplo, día-noche-día …, no tendríamos fases lunares, no tendríamos cambios
de mareas (altas y bajas), etc. Creo que no habría sido posible el calendario. Todos nuestros
marcos de referencia para nuestras vidas y actividades diarias, están dados por esos rutinarios,
pero perfectos movimientos de traslación y de rotación, los que a su vez son solo posibles de esa
forma rutinaria y ordenada, tan solo por la existente referencia posicional no cambiante entre los
cuerpos celestes. ¿Sería posible nuestra vida humana, y la de las especies cohabitantes, si los
cuerpos celestes cambiaran permanentemente sus estados posicionales en el cosmos y orbitaran
desordenadamente? Creo que no. La dependencia cósmica es total, evidente y no la podemos
desconocer. Esa dependencia, que por lo demás es unidireccional en el sentido nuestro (no es que el sistema
planetario, solar o de la naturaleza que sea, dependa de nosotros. Todo lo contrario. La
dependencia es nuestra de ellos, y no al revés. Es más, creo que de esa dependencia cósmica
tripartita, y de nuestro reconocimiento de ella, en lo inmediato, surge y/o debiera resurgir, la
cosmovisión (visión o concepción global del universo) tradicional de las culturas prehispánicas
milenarias de respeto por la tierra, el sol y la luna, y que es desde donde debiésemos comenzar a
mirar creo yo, nuestra cada día más imperiosa necesidad de cuidado de la Madre Tierra. Sin ella,
no somos nada. Sin nosotros(s), ella seguirá siendo la Madre Tierra, que va a dejar de nutrirnos a
nosotros(a)s, pero que va a seguir nutriendo a las otras especies no humanas cohabitantes
nuestras, y el Cosmos, continuará con su mecánica de movimiento rotatorio y traslacioanal.
La dependencia intraplanetaria también es total. Dependemos unidireccionalmente también de lo
previamente existente en el planeta Tierra, como lo son sus elementos agua, aire y tierra, los que
a su vez son mantenidos gracias a las especies no humanas (flora) que cohabitan con nosotros(a)s
el planeta. Tan solo a modo de ejemplo, son los bosques los que nos permiten tener el aire limpio,
los que nos permiten tierras sanas y ricas en nutrientes, los que nos permiten tener sombra, los
que nos permiten juntos a otros factores tener aguas lluvias. Pero entendámoslo bien; es sencillo y
simple: “Somos nosotro(a)s lo(a)s que dependemos de esos elementos”. No es al revés. Esta
dependencia intraplanetaria, al igual que la dependencia extra- e interplanetaria; es total, y
unidireccional. Tampoco la podemos desconocer.
Tenemos también dentro de la dependencia intraplanetaria, una fuerte dependencia interespecie,
pero esta dependencia a diferencia de las otras ya referidas, es bidireccional. Pero entendamos
bien también esta dependencia bidireccional. Las otras especies intraplanetarias y que cohabitan
con nosotros(a)s como especie humana, dependen de nosotros(a)s solo en el sentido de nuestra
responsabilidad del cuidado de ellas desde el momento en que comenzamos a cohabitar con ellas.
No nos necesitan para vivir ni para su sobrevivencia, salvo cuando desde nuestra irracionalidad,
comenzamos a destruirlas. Me atrevo a pensar, que en este momento, tal vez lo máximo que
deben desear, es nuestra desaparición como especie humana de la faz de la tierra. Yo creo que lo
único que nos piden, es que no destruyamos la flora y la fauna silvestre, ni a ellas, ni al entorno
(medio ambiente) común que tenemos. La dependencia nuestra de ellas, es evidentemente
mucho mayor que la dependencia de ellas de nosotros(a)s. Es más, nosotros(a)s, y aunque sea
parcialmente, nos nutrimos – consideremos de partida la pesca- de la flora y fauna con la que
cohabitamos; pero entendámoslo bien nuevamente ; esas especies (flora y fauna) no se nutren de
nosotros(a)s. Nosotro(a)s no somos aportativos al sistema, pero ellas si.
Nosotro(a)s como especie, además de todas las otras dependencias ya mencionadas, tenemos una
dependencia intraespecie, que también se da en cualquier otra especie, y es la característica
común que tenemos las especies que cohabitamos el planeta tierra. Esto también es evidente,
puesto que ninguno(a) de nosotros(a)s es autosuficiente. Esta dependencia intraespecie se hace
patente ya en la reproducción de nuestra especie. En este sentido estamos también al final de la
escala, pues las especies vegetales (flora) y animales (fauna), tienen en general posibilidades
reproductivas que nosotros(a)s no tenemos.
La evidencia de la realidad, particular y general, así como las miradas introspectivas que podamos
hacer o realizar cada uno(a) de nosotros(a)s, tendrían que llevarnos (conducirnos) a afirmar con absoluta certeza, de que nosotros(a)s en nuestro desarrollo individual y comunitario, somos en nuestras vidas, absoluta- y linealmente entorno dependiente. Es decir; a entorno deteriorado,
perores condiciones de desarrollo para nosotros(a)s; a entorno conservado, mejores condiciones
de desarrollo para nosotros(a)s. Desde esa evidencia, que es la más obvia de todas las evidencias,
no es posible entender la prácticamente nula o escasa prioridad que como sociedad le damos al
cuidado del medio ambiente, de la naturaleza en sí, y de como la tiramos a la cola de nuestros
actuares, priorizando a la vez costumbres y modos de vida más tecnologizadas y automatizadas. Si
la vida, como la conocemos hasta ahora, tiene sentido, lo tiene solo en lo natural, y en lo
mecanizado. Lo automatizado nos tiene y nos está conduciendo al precipicio.
El entorno inmediato nuestro es natural y cambiante por sí mismo y modificable por nosotros(a)s a
través de nuestras actividades humanas, y por las especies con las que cohabitamos; pero nuestra
absoluta dependencia de él y/o condicionamiento a él, nos obliga y nos fuerza a prestarle atención
a nuestro entorno y a cuidarlo. Lo repito; la evidencia de la realidad, así nos lo muestra. Que no lo
veamos, o no lo queramos ver, eso es otro problema, pero esa eventual ceguera, no altera en
nada nuestro condicionamiento de dependencia, sino que muy por el contrario, la hace más
fuerte, si es que queremos conservar algo de nuestra humanidad.
La afirmación anterior, nos marca algunos lineamientos, como por ejemplo, de que nos somos
libres y no podemos actuar libremente. Esto se reafirma en analogías que podemos hacer en base
a propios dichos populares nuestros, como por ejemplo, “no matemos la gallina de los huevos de
oro”, y “no mordamos la mano que nos da de comer”.
De todo lo anterior nace automáticamente el primer principio rector de cualquier comunidad
humana y de forma de gobierno que dicha comunidad se dé y que quiera proteger la vida: “La
primera obligación que individual y comunitariamente contraemos cuando nacemos, es el cuidado
y protección de nuestra Madre Tierra, que nos provee del entorno natural necesario y suficiente
para el desarrollo de la vida en general y de las nuestras, como individuos, tambien”. De todo lo
anterior también surge espontáneamente el Derecho de la Madre Tierra a ser conservada en su
calidad de hábitat único, capaz de albergar la vida humana, la vida vegetal y la vida animal. Es
decir; el Derecho a no ser destruida ni dañada por nosotros(a)s, que es a mi juicio, el primero y
más importante Derecho que nuestra nueva Constitución tiene que contemplar. Es más, debiera
ser el Derecho o Principio Rector para esta nueva Constitución. De ahí también surge nuestra
primera obligación o deber, que nuestra nueva Constitución debe dejar plasmada, que no es nada
más, ni nada menos que, “Es nuestra obligación no dañar a nuestra Madre Tierra”.
La forma y el cuidado y protección de nuestra madre tierra, no puede ser arbitrio de la
intelectualidad nuestra ni de la de nuestros gobernantes; sino que tiene que estar orientada a la
mantención (no deterioro), prevalecencia de las condiciones de vida sana en toda su
biodiversidad; es decir, cuidado del suelo, de los mares, del espacio atmosférico, de los bosques,
de los ríos, del agua, de los glaciares, de las montañas, flora y fauna en general. Para ello no
podemos seguir hablando de la Madre Tierra, como un conglomerado de ecosistemas funcionales
a la vida que nos prestan servicios, término que de acuerdo la RAE, proviene del latin “servitium”
(esclavitud, servidumbre). La vida como la conocemos, es inherente a la Madre Tierra, es
inmanente; está unida a ella de un modo inseparable, es su esencia. Cuando tratamos de
entenderla como un sistema funcional a nuestras vidas, lo que hacemos en verdad es lo mismo
que desgranar un choclo, y tengan muy presente, que un choclo desgranado, no se puede volver a granar. Es imposible. Es el inicio de la autodestrucción. Más gráficamente todavía; es como tratar de separar los granos de arena de una playa cualquiera. Es imposible. Los sistemas productivos humanos son funcionales, que por lo demás son hartos defectuosos y llenos de servicios, que nos
tienen llenos de problemas de desigualdad, de inequidad, de injusticias, y un largo etcétera. No
sigamos viendo o tratando de entender a la Madre Tierra como un sistema funcional y lo recalco
porque desgraciadamente ese entendimiento equivocado ha permeado al mundo académico y
hoy en día profesionales jóvenes están teniendo esa misma mirada, o al menos se expresan
cuando se refieran a ella, en términos funcionales, y eso es muy peligroso, porque finalmente,
todo sistema funcional, termina tarde o temprano, con la misma pregunta y sintomatología: ¿Para
que sirve?, está viejo, cambiémoslo por uno nuevo, renovémoslo, y un largo etcétera. Por favor,
entendámoslo bien; “La Madre Tierra es un Hábitat; no es un sistema funcional que nos presta
servicios”
Hay muchos proyectos que buscan proteger a la Madre Tierra desde el derecho convencional
nuestro, inserto en un sistema político de gobernanza antropocéntrico, asignándole derechos al
planeta. Eso equivale a sumirnos en interminables batallas judiciales que no garantizan en nada su
conservación, pues éstas son reguladas y sentenciadas desde el intelecto e interés partidario, de
quienes participan en ellas, y nada más. El planeta hay que cuidarlo en su integridad total y desde
la simplicidad del entendimiento y de la comprensión, de que sin él no somos nada y no tenemos
futuro alguno.
Pienso entonces que escritos que buscan proteger a la Madre Tierra, no pueden ser redactados
desde la mirada particular que alguien o un grupo de personas tenga, pues las miradas que se
puedan tener de las cosas y de la vida en general, estuvieron, están y estarán, siempre marcadas
y/o influenciadas, por las experiencias personales de esas miradas, vivenciadas todas ellas en las
culturas en la que esas experiencias de miradas se vivencian.
El hecho de que la vivencias sean personales, les otorgan, o les dan, inexorablemente a esas
miradas, un carácter sesgado. Pero el sesgo, no es algo que caracterice solo la mirada de alguien
en particular. El sesgo caracteriza todas las miradas, sin excepción alguna, e independientemente
de todo orden y de relación espacio temporal y cultural, en que ella se produzca. Todo(a)s
miramos sesgadamente. Es decir, no hay mirada sin sesgo, y eso es lo universal. Es decir la
característica universal de toda mirada, es que toda ella, siempre va a tener un sesgo, pues para la
mirada, le es imposible abstraerse del condicionamiento absoluto de posicionamiento del que
mira, independientemente en donde éste se produzca.
El sesgo nunca deja de ser subjetivo. Es también inmanente. Es propio de la persona, o del
individuo, y marca o limita el anhelo que alguien pueda tener de encontrar en el siempre
inacabado entendimiento razonado de la compleja interelacionalidad de las cosas y de la vida en
general, la objetividad de su actuar y de su pensar; es decir de la universalidad, y de poder
encontrar así validez a ese pensar y a ese actuar. El anhelo es una cosa, pero la realidad es otra, y
tal vez el sesgo sea solo superable en la abstracción mental total del individuo, y que me da la idea
de que esa posible superación, está circunscrita solo al mundo de la meditación, pero que se
desvanece una vez acabada la meditación.
Pero es también en esa búsqueda permanente de encuentro de validez universal de su
reflexividad, donde le es posible al individuo, ampliar su mirada sesgada, cuajar el entendimiento fraccionado de las cosas y de los sucesos, abandonar poco a poco el entendimiento intelectual de
la vida y de las cosas, basado en el razonamiento lógico que explica, pero no corrige, ni rectifica,
para quizás en lugar de seguir tratando de entender, comenzar así poco a poco a comprender la
vida, desde el sentido de lo diverso, de lo complementario, del desarrollo de lo colectivo, para
integrar, incorporar, y así crecer, superando las limitaciones y deficiencias propias en pos de un
todo, de un horizonte. En el entendimiento razonado, se entiende sobre todo desde el
razonamiento lógico abstracto matemático basado en relaciones de orden cronológico o de
sucesión. Pero desde el razonamiento de la vivencia personal, desde la emoción, desde el dolor,
desde el sufrimiento, se entiende desde el corazón; es decir se comprende y se incorpora lo
vivenciado. Es decir se crece, pero se crece orgánicamente. En el entendimiento intelectual se
crece inorgánicamente. Se crece en forma desordenada y no se integra nada. Es en la
comprensión, donde realmente el individuo crece y es a partir de allí por lo tanto donde la
universalidad de la mirada es posible en la individualidad a través de la integración, de la
incorporación de lo vivenciado con el (la) otro(a), en el mundo relacional comunitario. De eso se
trata un poco la evolución, creo yo. Solo puedo crecer y evolucionar, en la medida en que estoy y
comparto con otro(a)s.
La universalidad no se puede dar en la acción individual de lo privado, pues lo privado no
incorpora, no integra. Tiene límites. Tiene cercos. La universalidad, es característico de lo público,
en el sentido que lo público es de todo(a)s y no de lo privado, que es lo mío, lo tuyo, pero de nadie
más. La universalidad, es característico de lo común, no de lo singular; de lo general, no de lo
individual. Es por lo tanto inherente a todo lo que nazca desde la acción de un Estado,
entendiendo por supuesto al Estado como una organización representativa de lo colectivo. La
universalidad es inherente al bien común y a todo aquello que no es divisible físicamente. Las
aguas no son divisibles, las atmosferas y las tierras tampoco. Por lo tanto, desde este punto de
vista, queda más que ratificado, que el planeta (Madre) tierra es universal. En lo no universal, no
hay países. Hay cualquier otra cosa, pero no países. La flora y fauna no conoce fronteras ni
himnos patrios; ¿Por qué el ser humano si? ¿Por algún sentido de pertenencia? La flora y la fauna
encuentran ese sentido de pertenencia en la Madre Tierra. ¿Nosotros no? Lo universal desborda lo
privado.
El desarrollo de la universalidad y el crecimiento orgánico que la caracteriza, es lo que sustenta
también el crecimiento armonioso y el desarrollo económico sustentable de las naciones y de los
pueblos. Cuando una empresa crece hoy en día, lo que hace es comprar a su competencia, y de
esa manera crece, pero crece inorgánicamente. (Los cánceres son crecimientos inorgánicos). Es
decir, no tiene un crecimiento armonioso de su todo. Es un crecimiento forzado. Cuando una
empresa crece orgánicamente, como lo era en épocas pasadas, incorporaba personal a su planta.
Es decir contrataba trabajadores. No contrataba servicios como ahora, ni tercerizaba. La empresa
crecía y se desarrollaba desde su interior; no desde el exterior.
La universalidad es lo que hay buscar. La universalidad es lo que tienen que promover los colegios
(sistemas educacionales) si queremos un colectivo no violento y que respete a sus individuos. La
universalidad es lo que tiene que sustentar toda política pública del Estado, si queremos un país
con justicia social. La universalidad es lo que hay que buscar con la mirada, si es que realmente
aspiramos a entendernos, a comprendernos y a respetarnos. La universalidad es lo que hay que
buscar si queremos realmente comprender la vida, pues lo que le sucede a cualquier(a) otro(a), es lo mismo que me sucede a mí, sólo que a cada uno(a) de nosotros(a)s, nos sucede en distintas
relaciones espacio-temporales, pero tarde o temprano, todos y todas, pasamos por lo mismo.
Todo(a)s somos de carne hueso, y nos alegramos y nos entristecemos siempre con las mismas
cosas. No hay diferencias. Nunca las ha habido, pero la magia de las infinitas relaciones espaciotemporales en las que se da la vida, hace parecer que no somos iguales; que si tenemos diferencias. Pero tan solo, aparentemente.
Ampliemos la mirada, y podremos buscar y encontrar, desde la simplicidad de la comprensión de
una cosmovisión de equilibrio armónico universal holístico entre las partes del planeta, reconocer
a la Madre Tierra como una Entidad (Hábitat) a ser siempre cuidada y a ser siempre protegida en
su derecho a ser siempre conservada como un bien único y universal, al igual que todo lo que en
ella habita. En eso, todos los Estados del mundo, y sus habitantes, debieran obligarse a sí mismos,
en reconocer y respetar ese, a mi juicio, básico y elemental y único derecho y obligación posible en
este tema.

3 thoughts on “COSMOVISIÓN, UNIVERSALIDAD, MADRE TIERRA

  • 22/06/2021 at 21:33
    Permalink

    Muy buen artículo
    A cuidar la Madre Tierra.
    No matemos la gallina de los huevitos de oro

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