MUJERES EMPALABRADAS

Escribe GLORIA CLAVERO ARANDA

Cada vez somos más las mujeres empalabradas, armadas de palabras, con las que nombramos, sin
adornos ni tapujos inútiles, el desequilibrio provocado por las desigualdades sociales, en el mundo.
En Chile, en particular, nos manifestamos en las calles, y en las plazas, lugares que constituyen el
Parlamento del pueblo, donde el clamor de las gentes llanas, se hace eco de nuestros gritos, exigiendo
nuestros derechos humanos, negados por la arrogancia del Poder Político. Somos mujeres de todos los
colores, de todas las etnias, de todas las procedencias. Mujeres que resistimos los embates de la
sinrazón, en un planeta gobernado por la violencia machista, hija de la intolerancia patriarcal. Somos
mujeres sujetas en nuestro verbo conjugado en la lucha, con acciones, actitudes, y símbolos, que nacen
de nuestra Autoridad Femenina y Feminista. Con carteles y pancartas, con clamores, danzas y cantos, las
mujeres de hoy, y las de ayer, nos empalabramos, expresando el dolor, la rabia, la impotencia, pero
también la fortaleza, el coraje y la alegría de sentirnos y pensarnos como lo que somos: personas
humanas, mujeres que necesitamos darle existencia y presencia en el mundo, a nuestro deseo femenino
y feminista, encarnado en nuestros anhelos de libertad e independencia de cualquier poder, ajeno a lo
que somos. No queremos la falsa igualdad política, que no considera las diferencias de todo tipo,
existentes entre las personas, ni respeta la diversidad que enriquece a nuestra especie. Hombres y
mujeres tenemos las mismas capacidades, comprobadas, en las mujeres, hasta el extremo de la
violencia. Por esta realidad, es que estamos rayando la cancha señores: queremos los mismos derechos,
en todos los ámbitos de la vida; exigimos la Paridad. Son nuestras razones de justicia y equilibrio,
nuestros sentires y pensamientos, convertidos en palabras, en símbolos que trasmiten nuestras
experiencias, nuestro conocimiento de la vida y sus contradicciones, poniendo en evidencia las
incoherencias producidas por la Lucha de Clases, el maniqueísmo social, que procede de dos realidades
que se chocan entre sí: la de la gente pobre, cada vez más numerosa en el planeta, y la de los dueños de
las finanzas, que es la minoría formada por los explotadores de las necesidades de subsistencia de las
clases bajas, victimizadores de las gentes más vulnerables, que luchan en condiciones de desigualdad
absoluta, por el pan para su familia, a instancias de la Clase Política, servidora del Poder Económico,
manipuladora de las consciencias del pueblo llano … Las mujeres trasmitimos las vivencias de la gente
sencilla, con sus saberes y sus capacidades, que se topan con los muros vergonzantes de las leyes
constitucionales, símbolos paradigmáticos del sistema patriarcal que rige (se articula con rigidez…) la vida
de las mayorías, favoreciendo a las minorías financieras, usurpadoras de las plusvalías que produce el
trabajo de mujeres y hombres, siendo la mayor, la producida en el ámbito privado de la reproducción; el
Trabajo de Cuidados desarrollado por la mujer en el hogar. En Chile, las leyes patriarcales que niegan los
derechos de la mujer, a elegir y decidir su vida, se solapan con falsas promesas, con amenazas, con
engaños, con trampas, con traiciones, con violencia doméstica y feminicidios…
La Clase Política, con sus eufemismos grandilocuentes, intenta arrebatarnos (viene de arrebato que
conduce al mareo…), nuestro legítimo deseo de libertad, despojándonos de nuestra capacidad de
mujeres, independientes del Poder y la Fuerza, porque más allá del riesgo que ello significa, somos
personas del género femenino, que nos autorizamos(viene de autoridad…) para elegir y tomar las
decisiones que creamos convenientes, sobre nuestro cuerpo, nuestras elecciones de pareja, y la manera
de vivir nuestra propia vida…Sin embargo, la Clase Dominante y sus esbirros, los parlamentarios, los que
hacen las leyes, intentan seducirnos, dejándonos a merced de una palabra importada de USA,
“empower”, traducida astutamente por los doctrinarios neoliberales, como empoderar, pero con una
connotación, que mucha gente no percibe. El empoderamiento, según la traducción del inglés, significa,
una habilitación para, una facultad que alguien te da, para hacer, ¿hacer qué?, ¿quién otorga esa
facultad…? ¿Quiénes son los empoderados por el Poder de la casta, los adoctrinados, que recuperan el
lenguaje, según les convenga a sus intereses, para manipular las emociones de la gente llana…?
¿Dónde está el empoderamiento de las féminas, si las leyes patriarcales nunca han nombrado los
derechos de la mujer, nunca han reconocido su trabajo de cuidados, sus capacidades, su pensamiento,
su deseo, que la autoriza a hacer lo que tiene que hacer, para ser la que es, la que quiere ser, por opción,
jamás por imposición…?
Las mujeres y las gentes sencillas, sabemos que lo que no se nombra con voluntad política en las leyes
del Estado, no existe, está ausente, deslegitimado… ¿esta ausencia de derechos humanos para nuestro
género, significa que las mujeres somos ilegales en este país del Fin del Mundo, llamado Chile…? ¿De
qué empoderamiento estamos hablando…?
Mujeres y hombres del pueblo, hemos aprendido a articular nuestras demandas, en y con, compañerismo,
nos acompañamos, las unas y los otros, somos compañeras y compañeros (viene de compartir el pan…)
en lucha por la justicia… A pesar de las contradicciones políticas, y más allá del miedo a la fuerza bruta de
los violadores, cada vez más, las mujeres perseguimos nuestros sueños, que siempre han estado en
nosotras, superando el engaño del empoderamiento falaz, que nos quieren imponer.
Hoy, las mujeres jóvenes bailan con sus propias letras, cantan con sus propias construcciones de danzas
y cantos, son féminas creativas, rompedoras del silencio, que a veces, inconscientemente, puede ser
cómplice de las Injusticia. Ellas, nuestras hijas y nietas, nos enseñan a liberarnos de la impotencia y la
rabia contenida por demasiado tiempo… si esto es empoderarse, pues, no lo tengo muy claro. La
manipulación del lenguaje perpetrado por el Poder Patriarcal, está muy presente en esta palabra…Soy
una vieja terca, quizás, pero, elijo la Autoridad Femenina y Feminista, como arma para seguir resistiendo y luchando por las libertades y los derechos de las mujeres. Estamos empalabrando la revolucióN.

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